Desde la Misión: Canadá

Emerson de León, Juan Tomás García y  Joel Depré, están muy animados en esta primera etapa de su vida misionera en las parroquias de Charlevois-Este, Québec, donde llegaron el 1 de julio para su servicio pastoral.
Juan Tomás nos escribe y su reflexión nos ayuda a conocer cómo se sienten y qué hacen nuestros misioneros allí.
Vivencias Misioneras 
En La Maibaie, un pueblo de la Provincia de Québec, en Canadá, los Misioneros estamos lejos. Cuando los MSC de Canadá llegaron a la República Dominicana también se ubicaron lejos de la capital, en Sánchez. 
Cuando misionamos en Burkina Fasso, África nos encontrábamos en la kimbamba, lejísimo, más cerca de Níger que del centro burkinabé, la capital Tambagá. En Cuba nos encontramos en la última provincia del país…
Para venir de la capital de Québec a La Malbaie se llega en dos horas en vehículo. Claro, la lejanía no tiene un sentido unívoco. ¿Lejos de qué, de quién, con respecto a qué? Lejos el del centro del país, del centro del poder, del centro de decisiones. Lejos de la comodidad. Pero estamos cerca. Cerca de la gente a las que fuimos enviados, cerca de los alejados, entre los parroquianos y parroquianas que pueblan estas montañas y bordes de los grandes y pequeños ríos y lagos. Creo que en esto nos aproximamos un poco a Jesús, él estaba donde estaban los necesitados de la Buena Noticia, siempre en las orillas, cuando subió al centro, lo crucificaron. Convertido en Señor resucitado orientó a los discípulos a volver a la orilla, que allí le encontrarían nuevamente.
Pues así es, estamos lejos de la República Dominicana con todo lo que esto significa pero estamos en misión, muy cerca de la gente de estas tierras a la que nos enviaron los MSC y la Iglesia Dominicana, llenos de agradecimiento por el aporte recibido de esta diócesis desde hace más de 75 años. Gracias a Dios, nuestras nuevas familias nos han recibido muy bien, con los brazos abiertos y el corazón palpitante. La acogida ha sido una verdadera sorpresa, positiva y motivadora. La palabra bienvenidos a nuestra casa se ha convertido en el saludo ordinario de las personas que encontramos en cada salida o actividad. Todo esto ha sido esencial para nosotros poder comenzar a dar pasos discretos en este intento de colaboración.
Estamos conscientes de las dificultades de toda misión en tierras extranjeras, de las dificultades y de las riquezas que se hereda una vez insertos en las nuevas realidades asumidas. Las alegrías de la abierta y generalizada acogida, la sonrisa del despegue, la amabilidad de los inicios comienza a complicarse cuando asoman los problemas de la adaptación, cuando surgen las preguntas, cuando nos preguntamos por qué, cuando queremos trasladar las experiencias vividas en nuestro ministerio anterior a estas realidades. Es ahí donde comienzan a sentirse las incomodidades de toda misión que se desea vivir con autenticidad.
Venir de misión significará asumir esta realidad de manera integral y eso no es nada fácil ni automático. Jesús envió a los 72 discípulos de dos en dos… y les dio instrucciones: “…No lleven más que un bastón… quédense allí y coman de lo que le sirvan… no anden cambiando de casas…” Lc 10, 1-10. Tarea más difícil de lo que parece, pero es así como se vive la obediencia en la misión. Nuestros idiomas, nuestras culturas son muy distintas; distintas las visiones del mundo y las perspectivas, las maneras de pensar y reaccionar ante los acontecimientos. La iglesia, la tradición, la historia, las vivencias, todo hay que tenerlo en cuenta.
Y esto hay que aprenderlo, aunque uno tenga más de 25 años de vida religiosa. No es fácil comenzar de nuevo después de grande. Pero en eso estamos, en período inicial de conocimiento de la realidad con todo el deseo de terminar pronto de aprender y muy conscientes de que nunca lo haremos. Muchas mujeres y hombres de la diócesis, de las parroquias y de los pueblos están aportando sus esfuerzos en este sentido y por eso estamos contentos de estar aquí junto al párroco de esta Unidad pastoral compuesta por diez pequeñas parroquias entre las cuales nos rotamos para celebrar la palabra de Dios, la Eucaristía, el bautismo, matrimonio y demás liturgias comunitarias.
Gracias a la oración de tantas personas de aquí y de allá, gracias al Sagrado Corazón de Jesús y a Nuestra Señora, vamos viviendo un proceso sano y provechoso de inserción en esta realidad y esperamos que el Espíritu Santo nos ilumine con su sabiduría para poder discernir su voluntad. Saludos a todas y todos desde estas frías tierras de Charlevoix.
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Imágenes del tema: Jason Morrow. Con la tecnología de Blogger.