Carta de Aniversario MSC

Con motivo de los 157 años de fundación de la Congregación MSC, Osiris Núñez, estudiante de teología del Seminario Misionero, nos envía una carta donde nos invita a reflexionar desde las raíces de nuestra vocación, el sentido de la comunidad en misión, en fraternidad, en sus opciones fundamentales. Leamos cómo enfoca un religioso msc los desafíos en este 157 aniversario de los Misioneros del Sagrado Corazón.
Este 8 de diciembre nuestra congregación de Misioneros del Sagrado Corazón cumplió 157 años de vida. Fundada por nuestro amado Padre Julio Chevalier en Issoudun, Francia, buscando responder a los males de su tiempo,  dejó esta misión en manos de sus hijos, los cuales se expandieron por todo el mundo llegando hoy día a estar en más de 150 países.
            En este aniversario debemos de volver a nuestras raíces, a nuestro momento fundacional, a las enseñanzas de nuestro fundador, para reanimar, para dar más vida, más entusiasmo a nuestra vida misionera. A veces nos centramos tanto en nuestro trabajo pastoral, que olvidamos nuestros orígenes, nuestra misión de ser el Corazón de Dios en el mundo.
            Nuestro Fundador quería unos hermanos que fuesen capaces de anunciar a todos los hombres, no importando el lugar, situación social, política, religiosa, etc., que Dios les ama y se entrega por toda la humanidad en Jesucristo, su Hijo. Nada es más profundo que el amor del Corazón de Cristo traspasado; ante esta entrega de Cristo en la cruz, nadie es indiferente al Amor de Dios; pues como dice el número 10 de nuestras constituciones: “Como Misioneros del Sagrado Corazón, vivimos nuestra fe en el amor del Padre manifestado en el Corazón de Cristo. Queremos ser como Jesús que ama con un corazón humano; queremos amar por Él y con Él y proclamar su amor al mundo”.
            Si en verdad queremos ser como Jesús, y amar como Él amó, entonces debemos hacer una opción radical por los más pobres y excluidos de nuestra sociedad. Al mirar al Jesús histórico, al Jesús de Nazaret, descubrimos a un hombre que dejó todo para dedicarse exclusivamente a los pobres y excluidos de la sociedad en que le tocó vivir y cómo en su misión los acogía y reintegraba a la sociedad, dándoles el valor que tiene cada persona, no importando las limitaciones que tuvieran. Por eso, Jesús se acerca a los que sufren, busca la causa de su sufrimiento y actuando conforme a la voluntad de su Padre da una respuesta de acuerdo a sus necesidades (Jn 11, 1-44, nos ayuda a ver esta dinámica en el actuar de Jesús).
Nuestras constituciones en el número 21 nos hablan muy claro de esta opción radical por los pobres: “Estaremos atentos como lo estaba nuestro fundador, a los que sufren y a los que están en necesidad. Trataremos de descubrir las causas de sus sufrimientos y de discernir, a la luz del Evangelio y escuchando al mundo y a la Iglesia, cuál ha de ser nuestra respuesta”. Y continúa el 22: “Descubriremos el rostro de Cristo en los pobres, en los pequeños y en todas las víctimas de la injusticia y la violencia. El nos pide que les llevemos su amor. Como respuesta a su llamada, manifestaremos nuestra compasión por ellos, trabajando con coraje para garantizarles sus derechos humanos y para cambiar el corazón de sus opresores”.
            Nuestra misión no debe limitarse o reducirse al trabajo parroquial, o en nuestras obras, sino que debe de ir mucho más allá, no sólo en palabras, sino en acciones concretas de promoción humana, donde demos a conocer el amor de Dios y fortalecer la Iglesia, como nos enseña el número 23: “Nuestra misión se expresa en compromisos concretos llevados a cabo por los individuos y las comunidades… Somos enviados al mundo a fundar nuevas iglesias y ponernos a su servicio”.
            Ahora bien, esta misión sólo será posible si iniciamos desde dentro, en nuestras pequeñas comunidades, donde nuestras relaciones fraternas como hermanos Misioneros del Sagrado Corazón, deben estar iluminadas y guiadas por el número 31: “Todos nosotros somos hermanosentregados unos a otros para vivir y trabajar juntos por el Reino en el que la justicia y el amor unan a todos los pueblos. Por tanto, la caridad fraterna es de importancia básica en la vida de la comunidad”.
             Esto es, asumir que todos somos hermanos, no importando nuestras diferencias, pues debemos aprender a convivir con los otros, asumiendo juntos un proyecto de vida común que nos ayude a vivir en espíritu de familia, fraternidad, en donde nos caracterice la bondad y comprensión (especialmente los que vivimos en una misma casa), de compasión y perdón mutuo, de atención al hermano, de humildad y sencillez, en donde nadie sea más que otro, de buen sentido del humor, de alegría, respeto hacia el otro, de hospitalidad, en especial para los hermanos que nos visiten, pues ningún Misionero del Sagrado Corazón es extraño y advenedizo, como bien nos dice el P. Julio, sino que todos somos hermanos en el Corazón de Cristo.
            De este modo, iremos construyendo una comunidad que irá creciendo con la gracia de Dios y con el esfuerzo que cada uno de nosotros, sus miembros, pongamos. Debemos ir construyendo y solidificando nuestras pequeñas comunidades con el día a día, en la fe y el amor, sustentada en la oración y la eucaristía comunitaria y compartiendo nuestra experiencia de Dios con nuestros hermanos. Así nos iremos consolidando como una comunidad entretejida por la gracia de Dios y por los lazos humanos, en donde cada uno de nosotros aporta lo que ha recibido, y es escuchado, reconocido, aceptado, animado, interpelado y sobre todo amado por todos.
Muchas felicidades a todos en este 157 aniversario del nacimiento de nuestra Congregación.
¡AMADO SEA EN TODAS PARTES EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS!
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